Vitamina D y rendimiento deportivo

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Vitamina D y rendimiento deportivo

Mensaje  Edu el Jue Mar 10, 2011 7:17 am



La vitamina D no es una vitamina típica (no tiene actividad antioxidante, no es un cofactor para una reacción enzimática…). El cuerpo la obtiene a partir de la exposición de la piel a los rayos ultravioletas B (UVB) del Sol, y en mucha menor medida, a través de la ingesta alimentaria. La latitud geográfica, la estación del año, el uso de gafas de Sol, la edad (a mayor edad menor producción), el contenido de melanina de la piel (en principio, a más oscura, menor producción de vitamina D), la cantidad de piel cubierta por la ropa, el uso inadecuado de crema solar o la contaminación, son factores que influyen en la producción de vitamina D. Aunque el aporte de vitamina D a partir de la dieta es muy pobre, los alimentos que aportan mayor cantidad son el aceite de hígado de bacalao, los huevos, el pescado azul, la leche y algunos alimentos enriquecidos como los champiñones.

Los rayos UVB del Sol penetran en la piel y a partir de derivados del colesterol, se sintetiza la vitamina D3 (colecalciferol) que se activará mediante el paso por el hígado, convirtiéndose en 25-OH-vitamina D (o calcidiol) y ésta se convertirá, mediante el paso por el riñón, en 1,25-OH-vitamina D (o calcitriol). Estos dos últimos valores son medidos en analíticas de sangre para valorar los niveles de vitamina D, aunque la definición de deficiencia y exceso de vitamina D es muy variable en función de las publicaciones que van apareciendo en los últimos años. El valor más fiable y económico para la medición en analítica es el de 25-OH-vitamina D (calcidiol) ya que, una deficiencia en éste valor puede provocar un aumento de 1,25-vitamina D y esconder la deficiencia.

En investigaciones recientes se cree que se debería de tener niveles por encima de 50 ng/ml de 25-OH-vitamina D (American Journal of Clinical Nutrition, 2008). Además, se cree que no se almacena en el músculo o la grasa para un futuro uso hasta que no supera los 40-50 ng/ml. Un meta-análisis de 2007 encontró que la suplementación con vitamina D reduce la mortalidad y prolonga la vida.

Aunque se podría pensar que una persona deportista, que sale a correr o en bici durante el día, y que sigue una dieta sana debería tener niveles adecuados de vitamina D, sorprendentemente decenas de investigaciones actuales han encontrado deficiencias de vitamina D en adultos sanos y deportistas. Por poner un ejemplo, en una publicación que siguió a 7 ciclistas francesas, expuestos 16 horas semanales al aire libre, encontraron niveles inferiores a 32 ng/ml en todos ellos. También los niños están expuestos a sufrir una deficiencia de vitamina D, como muestra la investigación llevada a cabo por el Boston Children’s Hospital, que estudiaron un grupo de 365 niños sanos y el 85% tenía niveles inferiores a 40 ng/ml de 25-OH-vitamina D.

En 1938, autores Rusos publicaron que la irradiación con UVB podía mejorar el rendimiento en una prueba de 100 metros. El grupo de jóvenes no irradiados mejoraron su marca en 1,7% mientras que los irradiados en un 7.4%, aunque los dos grupos siguieron un entrenamiento idéntico. En 1944, investigadores alemanes irradiaron a 32 estudiantes de medicina, y encontraron una mejora del 32% en un test con un cicloergómetro, en comparación con un grupo control. En 1945, Allen R. et al, midieron la resistencia cardiovascular en un grupo de 11 estudiantes irradiados, en comparación a 10 no irradiados, y encontraron una mejora de un 19,2% en el grupo irradiado en comparación al 1,5% del grupo control. Además, varias publicaciones han mostrado su convencimiento que la exposición al Sol puede mejorar el rendimiento, reducir el dolor crónico y prevenir las lesiones.

Los niveles de vitamina D en personas físicamente activas son altamente variables en función de la estación del año. Si la vitamina D afecta al rendimiento deportivo, se podría pensar que la estación del año también afecta, por lo que algunas publicaciones han realizado investigaciones al respecto. En un estudio realizado con pilotos y tripulantes de Polonia, dónde midieron la forma física y la tolerancia a la hipoxia, los resultados fueron mejores al final del verano con una fuerte caída a partir de septiembre. Dos autores, Koch y Raschka, revisaron en el año 2000 la literatura acerca de la influencia de la estación del año en el rendimiento físico. Encontraron que en varios estudios se encuentran mejores resultados en test de fuerza y captación máxima de oxígeno al terminar el verano, a pesar de seguir el mismo entrenamiento todo el año. El aumento del rendimiento a finales del verano se podría considerar una consecuencia de una mayor cantidad de actividades al aire libre, aunque siguiendo ésta lógica, el rendimiento físico no debería de disminuir hasta medianos-finales de otoño (época perfecta para la practica de deportes al aire libre), mientras que la mayoría de publicaciones encuentran una bajada al terminar el septiembre, justo cuando caen los niveles de vitamina D. Otras explicaciones, como los niveles de testosterona en función de la época del año, parece ser que quedan descartadas ya que dos estudios series, han encontrado mayores niveles de testosterona en diciembre.

Ya en el año 1975, Birge and Haddad encontraron como la suplementación con 25-OH-vitamina D en ratas con deficiencia producía un incremento anabólico de la masa muscular y una disminución en la degradación de proteínas musculares. Algunas biopsias realizadas con humanos con deficiencia de vitamina D, confirmaron la hipótesis realizada con ratones. En comparación con grupos control, se piensa que la suplementación con vitamina D puede mejorar el tamaño, la fuerza y el porcentaje de fibras tipo II.

En un review publicado en Med. Sci. Sports Exerc en 2009, concluyeron que el tratamiento con vitamina D en atletas con deficiencia puede aumentar el rendimiento. Parece ser que el rendimiento aumenta a partir del momento que se consigue incrementar entre 15-30 ng/ml los niveles de 25-OH-vitamina D, aunque es menor cuando no se consigue superar los 50 ng/ml en los niveles totales de 25-OH-vitamina D en sangre. La deficiencia con vitamina D se relaciona con numerosas patologías y con un aumento de los factores de riesgo para enfermar, por lo que tenga o no tenga un efecto en el rendimiento, es una intervención médica responsable suplementar con vitamina D a los deportistas con deficiencia. El tratamiento requiere la suplementación con miles, y no cientos, de UI (unidades internacionales) de vitamina D3, cosa que puede resultar incómodo para médicos y nutricionistas, ya que hasta hace pocos años se consideraba tóxica y con un alto riesgo de intoxicación.
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